La asamblea de este fin de semana en el hotel Chulavista más que una definición es un síntoma de lo que ocurre al interior de Morena Zacatecas: no hay orden ni unidad, no hay operación, y lo que resalta es el conflicto y la exclusión. Saúl Monreal Ávila dejó en claro que dentro del partido guinda la división estará presente en 2027.

“El Cachorro” es el primer aspirante que se sale de la lógica de las encuestas, en las que aparecía con buenos números antes de quedar relegado por los estatutos de Morena. El mitin de este domingo fue un recordatorio que quien queda fuera, sin representatividad, puede modificar el panorama del oficialismo.

A nivel local, la dirigencia estatal a cargo de Rubén Flores Márquez ha generado condiciones de polarización, más que de coincidencias. El partido sólo es de un grupo que tiene como premisa esencial alejarse de los consensos, poner los acentos en la confrontación, y legitimar a una sola aspirante.

Sin embargo, ¿qué ocurriría si Verónica Díaz Robles queda fuera de la contienda electoral? ¿Qué pasaría si algún aspirante de los que pretende vetar David Monreal Ávila es elegido o elegida como promotor de la defensa del voto en Zacatecas? ¿La nueva gobernanza se disciplinaría?

En el lugar que se encuentra hoy Saúl Monreal mañana podrían estar más actores políticos que hoy viven de la expectativa de una supuesta “imposición”. ¿Qué decisión tomarían entonces en Palacio de Gobierno? De entrada, sabemos que en la nueva gobernanza darían por hecho la derrota de Morena para negociar con la oposición.

¿Qué diferencia existe pues entre la indisciplina temprana (aunque a tiempo) de Saúl y las opciones que se plantearía David en caso de que Verónica no llegue a la candidatura? Solamente la temporalidad con la que ocurra una y otra. Pero, en esencia, el partido guinda se enfila a la descomposición.

Ahora bien, la situación en la que se encuentra Saúl es completamente atípica. Sólo existen otros dos casos, como en Guerrero y San Luis Potosí, en los que aplicaría el filtro estatutario contra el nepotismo. Y en ninguno de estos episodios la dirigencia nacional de Morena ha buscado cuidar a las y los afectados.

Y de mayor gravedad aún para el Comité Ejecutivo Nacional: ¿por qué esos mismos estatutos no aplican para Verónica Díaz Robles, si el discurso de la presidenta identifica afinidad hasta en cuarto grado cuando se trata de nepotismo? En esa contradicción su presunta lucha pierde toda seriedad.

Todavía este lunes la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo insistió en que el candado “anti-nepotismo” no es opcional, sino un requisito obligatorio que impondrán en el partido guinda. Empero, no ha resuelto el problema legal de fondo: los estatutos no están por encima de la prohibición legal impuesta oficialmente hasta el 2030.

En cuanto se plasme la convocatoria del partido para quienes aspiran a la candidatura a esos tres gobiernos estatales, es más que previsible que vendrán impugnaciones que ahonden aún más las diferencias internas ya muy expuestas. La última palabra la tendrá la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Dentro de los pronósticos está la posibilidad de que los magistrados electorales quiten validez al candado estatutario, al contrastarlo con la reforma legal del 2024. No obstante, eso empujaría al partido a elegir con otros criterios a sus promotores de la defensa del voto, llevando la división interna a sus últimas consecuencias.

Esto es, Morena tiene la posibilidad de que aún y sin el candado “anti-nepotismo” se siga profundizando en la exclusión y eligiendo aspirantes por acuerdos cupulares, o mediante otro tipo de “encuestas”. Lo que abre la puerta a las desbandadas hacia otros partidos, y a fortalecer la narrativa de quienes decidan abandonar a los guindas.

Con todo y que han existido ofrecimientos de David a Saúl para que se sume a su delfín(a) oficial, históricamente La Secta del Bienestar y la nueva gobernanza se han distinguido por no cumplir acuerdos, y por añadirle leña al fuego cada que existe oportunidad de arreciar los conflictos.

Por eso, el mensaje de Saúl no sólo llevaba como destinatario a su hermano de la nueva gobernanza, a quien le dejó en claro -públicamente- que no habrá acuerdo suficiente que pueda ofrecerle para apoyar su proyecto. Mientras que a la dirigencia nacional le advierte que, sin operación interna, el destino es la ruptura y la derrota (como la que vivieron en centros urbanos en 2024).


#Casualidades: En un contexto parecido miran dentro del Partido del Trabajo la próxima elección en Zacatecas. Hay certeza de que la “imposición” de una aspirante oficial traería como consecuencia la ruptura de la coalición con Morena-PVEM.

El simple hecho de que, en caso dado, la dirigencia nacional le dé preferencia a David Monreal Ávila en el proceso sucesorio, los de la estrella amarilla buscarían construir una candidatura propia o sumarse a otras opciones más atractivas.

En el PT están seguros de que no cargarán con la “herencia” de David, precisamente porque el de la nueva gobernanza no sólo incumplió acuerdos con sus otrora aliados, sino que además los excluyó de cualquier espacio de poder en su sexenio.

Por ello es tan difícil confiar en el proyecto oficial, si fue el mismo que se dedicó a dividir y minimizar a otras fuerzas políticas que no empataran con su sectarismo. ¿Qué pueden ofrecer, con seriedad, después de cuatro años de burlarse de distintos sectores sociales, políticos, burocráticos y empresariales?

Nadie quiere asumir la responsabilidad de la candidatura oficial, justo porque los costos implícitos son muchos. Es dar la cara por David en el peor momento posible, cuando se mantiene entre los gobernadores con mayor rechazo ciudadano.

¿Qué podría ofrecer hoy la nueva gobernanza después de un sexenio en el que se abrieron todos los frentes posibles? ¿Reconciliación? ¿Asumir sus errores? El peso de la candidatura oficial es una enorme loza de desprestigio.

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