No es ningún cambio en la retórica del diputado federal, Ricardo Monreal Ávila. Tampoco “defendió” a su exsecretario de Agricultura, que lo fue en tiempos de su gobierno en Zacatecas. Sus conferencias de cada martes, posteriores a las sesiones de la Comisión Permanente, se han convertido en un termómetro de la coyuntura política en Morena.
El coordinador de la bancada guinda en San Lázaro explicó frente a la prensa, en términos muy sencillos, que la suplencia de Ulises Mejía Haro para su padre Antonio, aunque se preste a debate en un segmento de la opinión pública (a nivel local más identificada con el grupo del Bienestar), no presentaba impedimento legal para realizarse.
Además de que calificó a Antonio como “un hombre serio”, y adjudicó parte de su carrera política a las funciones que tuvo en el sexenio del “monrealazo”, Ricardo inauguró los nuevos tiempos políticos en el partido guinda en el que imperan las reglas de las convocatorias a participar en la designación de las coordinaciones estatales.
Nada de críticas a los suyos, guerra de lodo, campañas negativas, cargadas a favor o en contra. Porque, como se explicó en una entrega anterior, el presidente de la JUCOPO conoció de primera mano los lineamientos de la contienda que impiden, desde la etapa de registros, entrar al juego que ya monopolizaron en Palacio Nacional.
Tampoco quiso opinar al respecto de la decisión de los partidos aliados PT y PVEM en cuanto a que tomaron distancia de los estatutos guindas. Aseguró que Carlos Alberto Puente Salas, además de ser una revelación política en la LXVI Legislatura, ha fungido como un articulador de consensos. Por eso entendía el hecho de que no solicitara licencia para su registro.

Las precauciones discursivas que ha tomado Ricardo no son menores. Las mismas convocatorias de la Comisión Nacional de Elecciones de su partido lo identifican, junto con Ignacio Mier Velazco, como dos representantes populares que en funciones de coordinadores de bancada tienen prohibido apoyar y/o perjudicar a nadie.
Son tan extensivas, y a la vez tan precisas esas normas internas, que la lista de militantes y funcionarios que no pueden entrometerse en las decisiones del partido quedaron nítidamente descritas. Sólo dos segmentos de funcionarios no tienen restricciones: la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y su gabinete.
Sería un tanto ingenuo pensar que la dirigencia de Ariadna Montiel Reyes “olvidó” incluir a dichas figuras en el veto de sus actividades. Por el contrario, el mensaje de las convocatorias parece sugerir que desde Palacio Nacional incluso podrían utilizar las “mañaneras” para dar cauce a la selección de 17 aspirantes a las gubernaturas.
A estas alturas, quienes tracen análisis de escenarios pensando en “imposiciones” de delfines(as) de plano no han dimensionado el tablero que le confeccionó la Comisión Nacional de Elecciones a la presidenta Sheinbaum Pardo. Ella tiene absoluta libertad para entrar e incidir en el proceso de Morena cuando sus intereses así lo ameriten.
Diferente a las restricciones que tienen en todo el partido guinda, salvo las normas que apliquen para sus aliados. Sin embargo, en la cúpula, queda claro que los consensos se moverán alrededor de la presidenta, no en el partido. El segundo grado de influencia recae en las dirigencias nacionales del PT y del PVEM.

Ahí se encuentran precisamente Geovanna Bañuelos de la Torre y Carlos Puente Salas, plenamente inmiscuidos en los tirones de las mesas de consenso. En un tercer círculo caen todos aquellos a las y los que las convocatorias afectaron mediante las restricciones que aprobó la dirigencia de Ariadna Montiel.
Gobernadores (as), presidentes municipales, legisladores, coordinadores de bancadas, dirigencias estatales y nacional, y la militancia guinda en puestos de dirección. Aquel movimiento sigiloso que dieron por llamar “la rebelión de los delfines” ni siquiera pasó el primer filtro de las convocatorias.
Las jerarquías quedaron completamente definidas en este juego de tablero con el que Palacio Nacional buscará dar un vuelco a la composición política de Morena. Luego entran los engranajes de la estructura en forma de “encuestas”, que servirán de piso de partida para que Claudia Sheinbaum inaugure y encabece los consensos.
Ahora bien, quienes han querido retratar cierta cercanía con Ariadna Montiel desconocen (o no han querido admitir públicamente) que la última reforma estatutaria del partido incluyó un párrafo que entrega la firma de todas las candidaturas a Citlalli Hernández Mora, una pieza de todas las confianzas de Palacio Nacional.
¿Imposición de delfines? Ese es un escenario que dentro de todo el proceso interno en Morena no tiene un solo asidero en la realidad. Por eso es que, probablemente, en la nueva gobernanza hoy piensen más en “abandonar el movimiento” que en abanderar la candidatura. Pero, ¿hasta dónde soportarían un pleito frontal con Sheinbaum Pardo?
#Casualidades: En el lugar y el momento preciso. En frente de un celular, como es la vida contemporánea en la era de las redes sociales. Ahí estuvo Jaime Castillo Castillo para volatilizar a su partido y a su grupo político en cuestión de segundos.
El mundo virtual no perdona. Es la máxima tribuna de la opinión pública, por encima de páginas, periódicos, bloggeros, comunicadores, etcétera. Así es la democratización de las plataformas de datos e información.
Cualquier conducta encuentra una enorme caja de resonancia, que lo mismo encumbra o tira por los suelos reputaciones. Empero, cuando el prepotente es prepotente, sólo necesita algunos segundos de fama para ampliar su visibilidad.

No sólo es simbólico. Es casi poético el hecho de que Jaime Castillo fuera electo por el grupo del Bienestar para ocupar la Secretaría de la Juventud en Morena Zacatecas. Un perfil que tiene todos esos “atributos” que se le achacan a La Secta.
Intolerancia, intransigencia, polarización, prepotencia, arrogancia, petulancia, cerrazón… y también agresividad. Como aquel episodio cuando Saúl Cordero Becerril reventó una asamblea del partido en el hotel Chulavista. Es casi idéntico.
Esos “esfuerzos” además son recompensados con plazas de trabajo, como el contrato de auxiliar legislativo que le dio Lyndiana Bugarín Cortés al silvestre secretario de Juventud de Morena. Porque eso son, y así son. Sólo era cuestión de tiempo para que la realidad los terminara de mostrar sin filtros.
