El Partido del Trabajo le está marcando la agenda a Morena. Los amagos de ruptura son apenas la parte perceptible de las diferencias que llevaban tiempo encubándose dentro de la alianza tripartita, donde también aparece el Verde Ecologista. Entre acompañar al movimiento guinda, o reclamar una parte de su valor intrínseco en la izquierda, el proceso interno para las coordinaciones estatales rompió los consensos.

El partido movimiento ha calificado las advertencias del PT casi como posturas inverosímiles, al punto en que les recuerdan que sin alianza estarían por perder el registro como instituto político nacional si no alcanzan el 3% de la votación a la Cámara de Diputados en 2027. Empero, el partido de la estrella lleva más años con registro que Morena y el PRD.

Desde su creación en 1990, el Partido del Trabajo ha sabido construir alianzas coyunturales para sobrevivir a la marea política, a la que ahora se enfrentan -sin mucha novedad- los guindas. En cambio, los cuadros reciclados del clan de René Bejarano Martínez (como la dirigente nacional Ariadna Montiel Reyes), hasta la lucha de clanes (que dicen que no son clanes), en Morena más bien re-estilizan las formas que conocieron en el “Sol Azteca“.

Compartieron “izquierda” por mucho tiempo. El poder, sin embargo, cambió a varios de los que hoy navegan con bandera de hegemonía absoluta, mientras sus figuras institucionales son vinculadas abiertamente con distintos grupos del crimen organizado. Quién iba a imaginar que Montiel Reyes hoy fuera la verdugo de sus propios “compañeros de lucha”, para privilegiar a las cúpulas del poder.

Y en la definición de “hasta dónde acompañar al partido movimiento” es donde se encuentra hoy el PT. El diputado Reginaldo Sandoval Flores incluso ha abordado la posibilidad de abrir las puertas a quienes han sido excluidos de las designaciones que más han hecho ruido en el Comité Ejecutivo Nacional de Morena, entre las que se encuentran la de Zacatecas.

El partido de la estrella evidentemente no está calculando escenarios electorales en términos de “perder el registro nacional”, como lo minimizan algunos en Morena, sino en construir con las desbandadas guindas (que tan sólo adelantan una lucha de poder en ciernes rumbo al segundo tramo del sexenio de Claudia Sheinbaum Pardo).

La presidenta hoy se encuentra en el medio de esa lucha intestina, “construyendo” con los polos opuestos guindas y dejando en manos de sus propios adversarios de partido la posibilidad de organizar su ratificación o revocación de mandato. La de Palacio Nacional puso sus confianzas con sus aliados temporales, mientras espera a que concluya un sexenio en el que sólo ha administrado los errores del pasado.

Prospectivamente, si el PT se repliega, tan sólo estará afianzando sus números en urnas frente a las fuertes divisiones que se desatarán en la elección del 2030 por la sucesión en Morena. Es un escenario mucho más optimista que el que les espera a quienes buscarán reeditar una suerte de contienda de “corcholatas”, como en 2024.

Si el Partido del Trabajo se aleja de esa lucha intestina, y se reagrupa con lo que pueda capitalizar de las designaciones cupulares de candidaturas, tendrá otro valor como fuerza electoral dentro de tres años, que es la verdadera prioridad con la que hoy se trazan las decisiones políticas en la capital del país.

Por eso es tan importante el momento que atraviesa Alberto Anaya Gutiérrez, sin que le represente mucha novedad el poco valor que le da Morena -a estas alturas- a sus aliados. Construir alternativas con Dante Delgado Ranauro podría no ser el objetivo inmediato, pero sí es un escenario que están explorando gracias al proceso interno guinda que a nadie dejará conforme.

El desgaste no es para el PT en estos momentos, sino para Morena. La dirigencia nacional guinda se está jugando su credibilidad para construir la sucesión del 2030, y por supuesto que sus resultados no son nada alentadores. El simple hecho de abrir las encuestas ya habla de un escrutinio que, sí o sí, va a deslegitimar a varios coordinadores y coordinadoras guindas.

Ese es, por sí mismo, el resultado inmediato que ya produjeron los cabildeos de Ariadna Montiel y de Citlalli Hernández Mora (por separado, y según los intereses de cada una). Así, ¿quién quisiera ser candidato o candidata de un proceso que fue cuestionado públicamente, desde su metodología hasta sus resultados?

Recordaba Sheinbaum Pardo que en el PRD las elecciones internas se prestaban a influencias externas y varias irregularidades. Pues bien, vender la premisa -durante meses- de que las decisiones se dirimirían mediante sondeos, que luego no reflejaban lo que las encuestas de Palacio Nacional mostraban en sus medios de comunicación, es todavía más una simulación que una contienda interna en urnas.

Ese es un método que ni el PT ni el PVEM avalaron del todo y que en Morena construyeron unilateralmente, como ya acusó la dirigencia nacional petista días atrás. Después de todo, salirse de la coalición hoy les resulta más redituable porque pueden capitalizar más de lo que el partido guinda podrá sumar (si es que en la 4T pescan algo que no sean desavenencias, discordancias y divisiones).

En ese escenario, sin duda veremos a un Partido del Trabajo que no llevará alianza en municipios ni en distritos locales. Las coaliciones para gobiernos estatales está a punto de quebrarse (mera cuestión de protocolizar la salida), y la única unión vendrá donde más convenga a Palacio Nacional: la composición de la Cámara de Diputados. La advertencia de Geovanna Bañuelos de la Torre -para quien quiera escucharla- es que en el PT Zacatecas no hay vacante para la boleta a gobernadora.


#Casualidades: Todo está listo para la reunión que tendrá la militancia priista este sábado en la sede estatal del partido. La gira de Alejandro Moreno Cárdenas contempla casi todo… salvo algunas vergonzosas excepciones.

Resulta que, aún y con las fotos de Jorge Romero Herrera en el segundo informe de Miguel Ángel Varela Pinedo, el de Tlaltenango ha pedido “aunque sea diez minutos” para platicar con el líder nacional tricolor.

¿Por qué a Varela le importa “robarle unos minutos” al dirigente de un partido ajeno, si para ello tiene a su delegado y socio Armando Tejeda Cid, o al presidente nacional albiazul que lo vino a acompañar a Plaza de Armas la semana pasada?

En entregas anteriores explicamos que la relación del grupo de Varela – Tejeda, que encabeza formalmente Marko Cortés Mendoza, no es ni prioritaria ni horizontal con Jorge Romero en el CEN del PAN.

Ni siquiera la diputada federal Noemí Berenice Luna Ayala tiene voz y voto en las definiciones internas del partido, sino únicamente como integrante de la bancada albiazul en San Lázaro. Por ende, ninguna de las y los panistas de Zacatecas tiene entrada a la sala donde se toman las decisiones más importantes.

Como acto protocolario partidista, sin una coalición todavía definida, a Varela no le importa “colarse” en un evento ajeno al PAN. Y no habría mejor imagen este sábado (además de la que esperan los priistas con la presentación de Fito Bonilla) que la de un presidente municipal solicitando audiencia a un dirigente nacional que no es de su partido. Porque para dar vergüenzas, él es muy genuino.

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