Miguel Ángel Varela Pinedo tiene en sus manos los resultados de las auditorías forenses al recurso federal del Ayuntamiento de Zacatecas. Las observaciones son las mismas que esperaba, desde el momento en que la administración municipal dejó de solventar gastos por encima de los 70 millones de pesos, como consecuencia del ejercicio discrecional del presupuesto en la capital.
Meses antes, el de Tlaltenango desestimó dichas auditorías y se enfrascó en el discurso de persecución política, pensando que eso ayudaría a tapar los boquetes fiscales que él mismo y sus erráticas decisiones habían creado. A la luz de las observaciones, de las que aún no se pueden publicar mayores detalles, el descalabro administrativo es mayúsculo.
El “infante azul” recién regresó de una gira de medios de comunicación por la Ciudad de México que no tuvo el impacto planeado a estas alturas del conflicto político y presupuestal en el que se encuentra. Además de que quemó un cartucho, no logró introducirse en la opinión pública ni venderse como un presunto candidato a gobernador del PAN en Zacatecas.
En efecto, la agenda pública girará en torno al de Tlaltenango más adelante, pero por otros motivos que ya no están a su alcance. Las auditorías forenses son el último clavo en el ataúd de sus -frustradas- aspiraciones. Lo que pretendía la ASF en el municipio capitalino se supo con bastante tiempo de anticipación como para no haber atajado la bola de nieve que le venía encima.
Y aquí es donde Varela Pinedo utilizará nuevamente un recurso que se dedicó a desgastar desde su insípida lucha en contra del viaducto elevado, en la que perdió los primeros amparos para “intentar” detener la mega estafa vial. Hace unos días incluso quiso revivir los presuntos desfalcos por una inversión de más de 100 millones de pesos en alumbrado público, durante la administración de Jorge Miranda Castro.

Pues bien, las distracciones políticas del de Tlaltenango fueron el motivo por el cual su gobierno no pudo concluir una entrega-recepción que le permitiera acumular armas en contra de sus enemigos, como ahora pretende utilizarlas. Por una entrega extemporánea del acta de observaciones, la Auditoría Superior del Estado dio por satisfecho el cierre administrativo de Miranda Castro en la capital.
Esa historia la conoce bien Alma Judit de León Ayala, extesorera del Ayuntamiento que dejó correr los tiempos para llevar al Secretario de Economía al banquillo de los acusados por todos los señalamientos que hizo Varela al tomar las riendas del municipio de Zacatecas.
Todo este desorden interno en el que tiene sumido al municipio es el que Varela ahora pretende maquillar con una lucha política personal. Sin embargo, no conviene a la coalición asumir responsabilidades que sólo le competen a quien pensó que podía administrar la capital del estado como si siguiera al frente de la Feria de Jalpa.
Sus críticas a la nueva gobernanza significan nada cuando está sentado en una bomba de tiempo a punto de detonar, y que quiere enterrar con una narrativa de presunto “opositor” que no le es exclusiva. Ese discurso, además, tiene matices muy cuestionables, como los acuerdos que construyó con Verónica Díaz Robles en la elección del 2024 para derrotar a Jorge Miranda.
O el hecho de que Varela comparta algunos proveedores con el gobierno del estado, dedicados a fabricar facturaciones (que ni siquiera puede pagar a tiempo). No hay forma de que mantenga sus señalamientos a Adolfo Bonilla Gómez (su obsesión en cada mesa a la que se sienta), sin que él pase por el mismo tamiz y no repruebe la evaluación.

Todos estos intentos de llamar la atención responsabilizando a David Monreal Ávila de lo que le pueda pasar a su familia, sin formalizar ni una sola denuncia de los presuntos hechos que acusa públicamente, son simples actos circenses sin repercusiones reales para tratar de cambiar la conversación en el círculo rojo.
En los hechos, Varela sigue quebrando al PAN desde dentro, y mantiene las represalias en contra de los priistas en la capital por el simple hecho de que no lo ven a él como un candidato real. Al de Tlaltenango ni siquiera le interesa convocar, a través de Aldo Peláeaz Mejía, a un consejo estatal albiazul para comenzar a explorar la opinión de su partido sobre la coalición opositora.
Recordemos que no es él quien tiene la facultad de negociar ninguna alianza, sino que es un tema que -estatutariamente- lo tiene que decidir la militancia panista. ¿Por qué Aldo Peláez ha pospuesto esa discusión en uno de los órganos partidistas que tarde o temprano ratificará, ante el Comité Ejecutivo Nacional, su intención de coaligarse?
Y justo ese es el juego perverso de uno de los aspirantes del PRI-PAN-PRD que más le ha hecho daño a la coalición opositora. Varela Pinedo tiene como filosofía de vida enfocarse en los conflictos hasta que termina de tensar la liga antes de que se rompa. Este episodio es otra más de sus estrategias de “estirar la liga” para chantajear con su reelección en la capital.
Quien más pierde con su propuesta de tensiones permanentes es su propio partido, comenzando por Noemí Berenice Luna Ayala, que ha tratado de posicionarse (sin éxito) como otra aspirante albiazul a la capital. Lo que viene es un momento de crisis en la coalición opositora, en la que no será prudente meter las manos por quien provocó su propio hundimiento y naufragio.
#Casualidades: El más reciente acuerdo que tendió Verónica Díaz Robles para volver a ensuciar el proceso interno de Morena a la capital de Zacatecas lo dio a conocer el propio José Narro Céspedes.
No era algo insospechado. Una foto del diputado federal con licencia junto a la “excuñada” de Puebla del Palmar sólo podía significar una traición interna y el cambio de tablero en el juego por las candidaturas guindas.
Y más allá de si se trata de quitarse del medio a Rodrigo Reyes Mugüerza para abrirle camino a Ruth Calderón Babún, mientras desplaza luego a José Narro a alguna otra candidatura, la realidad es que entre el davidismo y el monrealismo hay una franca lucha por ver quién retiene el poder.

La gran interrogante es qué piensa de todo esto el responsable de empujar los acuerdos que desvirtuaron las encuestas de Morena, para convertir la coordinación estatal en una prebenda de un grupo político de origen fresnillense.
Ricardo Monreal Ávila le sirvió de aval a David frente a las presiones de Citlalli Hernández Mora y de Claudia Sheinbaum Pardo para entregarle la candidatura guinda a perfiles mucho mejor posicionados en las encuestas, como Ulises Mejía Haro o Geovanna Bañuelos de la Torre.
Hoy, al presidente de la JUCOPO en San Lázaro lo desplazan en La Secta del Bienestar para darle mayor hegemonía a Verónica Díaz como distribuidora de posiciones claves para la elección del 2027. Si acaso el exgobernador podrá meter las manos por algunas diputaciones federales… y eso todavía está por verse.
