El llamado fue realizado de manera extraordinaria. En Palacio Nacional agendaron una visita relámpago de David Monreal Ávila a la Ciudad de México, previo al evento del cierre de campaña de Claudia Sheinbaum Pardo, en las inmediaciones del Monumento a la Revolución, en donde el zacatecano apareció lejos del presídium.

El miércoles por la noche, el que se dice “gobernador” alistó su discurso, pues finalmente tendría la oportunidad de abrir su pecho como bodega frente a la plana mayor de la Cuarta Transformación, que muy poco se ha interesado por sus caprichos a la hora de escuchar su ruta electoral.

David cargaba un gran pendiente: exigir lo que pidió a la precandidata única del partido que encabeza las encuestas a la presidencia de la república cuando, montado en su rabieta, le dejó saber que si no le cumplían sus antojos él “no podía hacerse responsable” de los resultados de Morena en Zacatecas.

Como se supo más tarde, Claudia no accedió a su larga lista de excentricidades que, una a una, fueron tachadas sin el menor de los miramientos, y mucho menos tomada en serio su “amenaza”. A tal grado que, ya entrado en el proceso, entendió que su opinión valía muy poco por su idea absurda de que “gobierna” un estado de menos de 2 millones de votantes.

A David, por un atisbo de sensatez, le llegó de vuelta la obediencia y la prudencia. Su prioridad, dijo luego, era una sola y tenía nombres y apellidos: Verónica del Carmen Díaz Robles. Si no podía romper la coalición, ni determinar el lugar de los géneros en la fórmula, ni guardar los siglados a Morena, ni vetar aspirantes, se restringiría a un solo objetivo.

Fue cuando se convenció de que uno sólo era el camino, el del consenso (no el de la imposición), para salvar aunque sea la precandidatura de la delegada de Bienestar. Empero, para entonces el que se dice “gobernador” ya había fastidiado bastante los ánimos de la Comisión de Elecciones y del Comité Ejecutivo Nacional guindas.

Por ende, de todo el pliego petitorio que poco a poco le negaron, David únicamente pudo llegar a Palacio Nacional este jueves con una sola solicitud, la de Verónica Díaz. Para su mala suerte, Claudia Sheinbaum ya había detenido las mesas de “negociación” del Morena-PT-PVEM, para reanudarlas después del fin de semana.

Eso sucedió el día de ayer y, acto seguido, cerca de las 9 de la noche, el Comité Ejecutivo Nacional convocó a su equipo de trabajo. El objetivo era recalendarizar el proceso de designación de aspirantes al Senado, en el que ahora sí estaría presente la precandidata presidencial a la que David quiso desairar.

Para sorpresa del que se dice “gobernador” a esa reunión no llegó solo, sino con otros 22 gobernadores guindas que se alistaban a conocer las directrices nacionales del IMSS Bienestar. Y fue ahí mismo donde también escuchó la advertencia de que la reunión en Palacio no era electoral y que en Morena lo que definirá aspirantes serán las encuestas.

El saldo de las pésimas decisiones que han tomado hasta hoy los Monreal sin duda los deja en la posición con menos ventaja, aún y cuando “ostentan el poder”. Saúl Monreal Ávila perdió toda credibilidad que construyó durante largos cinco años para parecer un “Cachorro” desobediente a la nueva gobernanza.

Sin embargo, en cuanto supo que David lo había traicionado por enésima vez, él y una docena de hermanos Monreal reavivaron el conflicto contra Verónica Díaz que el propio Saúl detuvo en su último informe de gobierno. Ahora es muy tarde para que el presidente de Fresnillo con licencia acuda otra vez a su esquina, en un ring de boxeo del que se bajó.

Él mismo impuso la idea de que su “rebeldía” aunque a veces real, valía más como una escenificación si se trataba de cuidar sus aspiraciones. Mientras que David terminó por dar evidencias del mínimo peso que representa en partido a nivel nacional, con el que, además, abrió un conflicto a través de Rubén Flores Márquez.

Y todos ellos ayudaron a consolidar la percepción de un Ricardo Monreal excluido de la toma de decisiones de Morena, a donde lo invitan únicamente para retratarse junto a Claudia Sheinbaum y emular, infructuosamente, la presunta unidad. Aunque sus voceros a sueldo entiendan eso como mensajes insoslayables.

De los que destaparon a Eldaa Catalina Monreal Pérez como precandidata a la delegación Cuauhtémoc, ya le pueden agradecer a David y a Saúl que incluso ese nombramiento se haya empantanado a estas alturas. La vulgar ambición los tiene contra las cuerdas. ¿Será también por eso que en la oficina de Víctor Humberto de la Torre, en el SEDIF, ya dan por ganador a Ulises Mejía Haro?


#Casualidades: Pero, nada como el diciembre que vivió la secretaria de Administración, Verónica Yvette Herández López de Lara, alojada en París mientras la nueva gobernanza empujaba el paquete presupuestal de este año.

Una semana antes de las vacaciones oficiales (algo que nunca se había visto en ningún gobierno), la encargada de las compras y la nómina estatal, dejó sus quehaceres para volar al viejo continente por días y días de extravagancia. Porque eso de que “se acabaron los privilegios”, es puro cuento.

No importa que previo a ese viaje recién haya aterrizado de Canadá, después de agendar una visita familiar en ese país. Lo merecía después de haber ideado, junto con Ángel Manuel Muñoz Muro, una lesiva reforma a la Ley del Servicio Civil del Estado, y un segundo proyecto de depuración masiva de la nómina estatal.

Reforma que fue desprendida de la miscelánea fiscal y llevada a la congeladora de las comisiones a las que la turnaron, en donde dormirá el sueño de los justos por largos años. ¿Y la titular de Administración? Desayunando croissants en el Boulevard Saint Germain.

Por ello, a manera de venganza, Ángel Muñoz vetó la más reciente reforma a la Ley de Salud, que tenía como objetivo mejorar las percepciones del personal de salubridad. Una petición “impensable” para un “gobierno” que dice venir del “pueblo”.

Aunque, se entiende bien la frustración que carga el infortunado Coordinador General Jurídico pues, meses atrás, sus matrículas de “profesor” en una universidad particular fueron dadas de baja por las crecientes acusaciones de acoso sexual contra distintas jóvenes del plantel, que obligaron a la dirección a echar a la calle a ese funcionario público.

Y es tal funcionario el que ahora extiende una intensa campaña al interior del Tribunal Superior de Justicia del Estado, para promover al ignaro magistrado Edgar López Pérez a la presidencia de ese poder, y juntos allanar el camino de libertad para Julio César “N”. Ambos comparten, por cierto, su inclinación a una marcada misoginia, requisito indispensable en la nueva gobernanza.

Todo dependerá de los acuerdos a los que lleguen Miguel Alonso Reyes y David Monreal, como ya lo hicieron el pasado mes de diciembre. Es tal el pánico del de la nueva gobernanza de perder el gobierno de Zacatecas a manos de Claudia Sheinbaum, que prefiere entregarlo a sus otrora acérrimos enemigos. Al tiempo.

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