No hay manera de ocultar la crisis que atraviesa La Secta en Zacatecas, por el hecho de conducirse como eso, una secta política. Quién podría convencerlos de lo contrario a estas alturas, si fue la manera en que un régimen autoritario, intransigente, impositivo y vengativo los encumbró en el lugar donde se encuentran hoy.

Cuando Ernesto González Romo nombró por primera vez a ese clan político, no eligió al azar cualquier calificativo. La palabra “secta” retrataba muy bien la dinámica interna de obediencia irrestricta, incuestionable y sin posibilidad de consenso que habían fundado con la Coordinación General de Ganadería y la Delegación del Bienestar.

Para La Secta no hay política que venga del contraste de ideas y formas, sino de la imposición. No existe el diálogo, sólo las instrucciones. Todo es vertical. Y se funda en la urgencia de no llevar la contraria a sus dos “grandes” insignias: David Monreal Ávila y Verónica Díaz Robles (mientras el poder siga en sus manos).

Fuera de sus parámetros no hay lógica posible. No necesitan organizar la realidad de la manera en que los demás sectores sociales la construyen. No tienen respuesta a las interrogantes, porque no hay debate alguno. Por eso resulta hasta obvio que descalifiquen en cuanto reciben “provocaciones de la derecha”.

Para los que observamos desde fuera al clan político del que forma parte Rubén Flores Márquez, entendemos claramente estos ejercicios que realizan con normalidad como “Las Posadas del Bienestar”, los “informes legislativos” de la senadora Díaz Robles, la cargada oficial porque “es tiempo de mujeres”, y todo cuanto gira en torno a ellos.

Son absurdos y burdos en sus formas, nunca convencen, desnudan sus criterios contradictorios en cada ocasión, muestran sus estrictas normas internas (las únicas que conocen). Todos los errores que conocimos en otros gobiernos fallidos, pero de manera grotesca. Sin embargo, hoy el tiempo los ha puesto de cara a la evaluación social.

Eso hay que agradecérselo a David Monreal cuando decidió saltarse los protocolos -en los que no estaba de acuerdo desde un inicio-, para dejar de simular una carrera entre aspirantes al 2027, y despejar las dudas -que no había- sobre la preferencia política que siempre mostró por su excuñada, encima de cualquier(a) otro(a).

Gracias al que se dice “gobernador”, de unos meses para acá La Secta tomó todos los reflectores posibles… y se mostraron como lo que son: una secta política sostenida en el poder de la nómina y los padrones del Bienestar. No ofrecen nada más, pues son lo que son gracias eso.

No necesitan de nadie. Ellos y ellas tienen el control de una buena parte de la nueva gobernanza (a través de Carlos Alberto Zúñiga Rivera), y de toda la delegación de programas sociales federales. Esa convicción no va a cambiar en su fuero interno, porque la adquirieron desde el poder ajeno que les entregó la 4T.

Podrán ser adeptos de Andrés Manuel López Obrador (incluso más que de Claudia Sheinbaum Pardo), pero sin la figura del expresidente en las urnas, ninguno ocuparía la posición en la que se encuentran. Porque haber estado cerca del poder no es lo mismo que haberse ganado el consenso público. Las dos derrotas previas de David, en 2010 y 2016, lo confirman.

Y los “grandes íconos” de La Secta estuvieron siempre cerca del poder. A la fecha no tenemos otra forma de explicar por qué fue Verónica Díaz -y no otra mujer u otro hombre- la que eligió la 4T para operar al frente del Bienestar, en 2018.

Luego, cuando tenían la posibilidad de construir ese consenso público que les era ajeno, porque emanaba de más de 18 años de campaña ininterrumpida de López Obrador (lo mismo en el PT que en Morena), los de David y Verónica eligieron el camino de la venganza y la confrontación permanente. Ahí viven y no conocen otra forma de hacer política.

Tan no la conocen, que el próximo año muchos -aún- proveedores de gobierno verán su suerte cuando miren cómo Carlos Zúñiga inventa empresas de todo tipo, junto con César Deras Solano (o incluso sin él), para quedarse con la mayoría de adjudicaciones, concursos y licitaciones, porque nadie más cabe en la campaña de Verónica Díaz.

El choque legal que propuso hace unos días Rubén Flores con Sigifredo Noriega Barceló no es nada en comparación a lo que viene en 2026. Van por todo. Porque, o la senadora Díaz Robles es candidata a como dé lugar, o buscan la manera de asegurar su futuro por décadas cuando dejen de gravitar cerca del poder ahora sí.

Las encuestas les dictarán qué rumbo tomar. Así mandaron a realizar presuntos sondeos de la “estrategia de comunicación” del dizque gobierno, para encubrir las mediciones espejo que solicitó David Monreal en días previos al levantamiento de la encuesta oficial de su partido. Los pagarán con presupuesto estatal, evidentemente.

Por ello contrataron -otra vez- a Octavio Duarte Vázquez, y su curiosa página en Facebook llamada BenditaRed, dedicada a proveer de publicidad, actualmente, a José Saldívar Alcalde. ¿Será que el “asesor computacional” le diga a David lo que quiere escuchar (como lo hacía Leopoldo Trueba), o finalmente termine de confirmarle lo que todos los sondeos muestran?


#Casualidades: Hablando de encuestas, la más reciente publicación del diario El Heraldo, asentado en la Ciudad de México, es otra más de las mediciones que pone a Verónica Díaz Robles en cuarto lugar de las preferencias de Morena. Nada nuevo.

Lo que sí es una novedad es que, a meses de confrontaciones entre dimes y diretes con la dirigencia nacional guinda, Saúl Monreal Ávila vuelve a aparecer en los sondeos publicados. ¿Por qué un diario como El Heraldo retomó las aspiraciones de quien supuestamente no pasa los estatutos del partido?

Habíamos dicho en este espacio semanas antes que el método oficial del partido para la elección de candidatos y candidatas serán los sondeos, y dentro de estos también se mediría al “Cachorro” de Puebla del Palmar.

Por una sola razón: la prioridad de Morena es mantener la unidad. Dejar de medir a quien no pasa un estatuto es dejarlo al libre albedrío para que su ausencia afecte al partido, ya sea porque sea candidato de otro barco, o simplemente porque podría no sumarse al candidato oficial.

La aritmética no se vuelve más efectiva si deja de contar a quien sostiene lazos familiares con David y Ricardo Monreal. Por el contrario, entra en un sesgo. Por eso no será raro ver a Saúl aún en otras mediciones, incluso en las de Palacio Nacional.

¿Podría dar la sorpresa? De pronóstico reservado, pero su aparición en la medición de El Heraldo habla de un panorama no definido aún. Pensar que sólo las aspiraciones de Verónica Díaz cuentan entre los Monreal, ese sí es el gran error que, al parecer, no piensan repetir en la Ciudad de México.

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