Inercialmente, el imaginario público en Zacatecas ha marcado el 8 de septiembre del quinto año administrativo, como el último día de gobierno en cualquier sexenio. No era la excepción en el caso de David Monreal Ávila.

Acostumbrados a las formas tradicionales de los cánones políticos, el calendario efectivo -previo a que la actividad política la absorbiera el proceso electoral-, restaba ese último año, en el que prácticamente se dirige toda la atención, y se concentra la lucha de intereses, en la apuesta por el relevo gubernamental.

Pero, en Morena los tiempos son completamente distintos. David llega a su quinto informe de gobierno en la misma fecha en que el partido guinda realiza sus encuestas en campo para definir, de una vez por todas, a quien encabece la coordinación estatal de la 4T en Zacatecas.

El control de la sucesión gubernamental no lo tiene la dirigencia local (completamente desdibujada) donde todavía cobra Rubén Flores Márquez. La concentración de poder, en todos los estados gobernados por Morena, ha caído en el despacho de Citlalli Hernández Mora, presidenta de la Comisión de Elecciones del partido guinda.

La semana pasada, durante la plenaria de legisladores guindas, también se advirtió que en lo que corresponde a las y los aspirantes de diputaciones federales y presidencias municipales ya existe un calendario de recepción de solicitudes de inscripción. El método de selección nuevamente será el de los sondeos.

El dato no es menor. En las últimas dos contiendas electorales, se sabe que en Zacatecas quien manipulaba las listas de candidaturas era La Secta del Bienestar, en complicidad con la la senadora Verónica Díaz Robles. Esta vez, el uso discrecional de los espacios de representación popular cambiará de manos.

Rubén Flores prácticamente tiene una dirigencia estatal en comodato, donde se dedica a cuadrar calendarios de asambleas informativas y pagar nóminas del partido. Por supuesto que las cosas han cambiado en Morena. A los gobernadores les quitaron el voto de calidad que habían tenido en tiempos de Andrés Manuel López Obrador, y señales sobran para entender el cambio de paradigma.

Distintos analistas y columnistas persisten en la idea de lo que fue, y no de lo que es hoy el partido guinda. Presuntamente “la imposición” de aspirantes debería de reeditarse porque ya pasó una vez. El problema no es en sí la imposición (que ya habla del lugar que ocupan algunos delfines en las encuestas), sino qué factores influyen para que ese escenario vuelva a ocurrir.

Es el primer proceso electoral que Claudia Sheinbaum Pardo enfrenta sin plena influencia de los López de Tabasco. Todavía el año pasado el exsecretario de Organización Política del partido, Andrés Manuel López Beltrán entregó derrotas, junto con Luisa María Alcalde Luján (otra obradorista) en Coahuila. Es la misma elección en la que la nueva gobernanza perdió Zacatecas, Fresnillo y Jerez.

El resultado en urnas, y los conflictos internos en el partido y en el gobierno, obligaron a replantear todo el trabajo en Morena. La primera que arribó al relevo (como aquí se ha explicado en otras ocasiones) fue Citlalli Hernández. Dos semanas después llegó Ariadna Montiel Reyes, más cercana al grupo de tabasqueños.

Sin embargo, las y los primeros cinco representantes estatales de la 4T en Aguascalientes, Campeche, Colima, Querétaro y Sinaloa nacieron de las encuestas que normalmente difundía Palacio Nacional en diarios como El Heraldo de México y El Universal. Y tal como reza aquella máxima en política: “quien avisa, no traiciona”.

Son sondeos que tienen lógica y concordancia con las mediciones de evaluación de las y los gobernadores de Morena. Esa métrica es fundamental en los análisis demoscópicos que ahora leen en el Comité Ejecutivo Nacional, pues el partido busca mantener hegemonía en los estados, pero autoevaluándose en las urnas.

Vista así la ecuación electoral de Palacio Nacional y del partido guinda, el interés en los ejercicios demoscópicos es saltar el obstáculo de preferencias negativas que afectan al partido en distintas entidades. A diferencia del diagnóstico que ha expuesto Ricardo Monreal Ávila sobre la posibilidad de derrotas en estados (y en donde los gobiernos son peor evaluados), Claudia Sheinbaum dijo el viernes, aquí en Zacatecas, que no compartía esa visión.

Precisamente porque la estrategia aritmética sobrevive a los acuerdos políticos que pueden cumplirse o no. Esa es, hasta el día de hoy, la manera en que los equipos de Palacio Nacional miran la elección del 2027. Que el “movimiento” sobreviva por encima de los intereses personalísimos.

Evidentemente, cualquier intento de imposición que ponga en riesgo los resultados en urnas del “movimiento” no es compatible con la estrategia de acompasar la opinión pública que dice que una parte de la ciudadanía quiere seguir votando por Morena, siempre y cuando rompa las inercias y presente propuestas distintas a las que actualmente gobiernan en sus estados. Y ahí nos encontramos hoy.


#Casualidades: Lo de menos, a estas alturas, es la Ley Orgánica y el Reglamento Interno del Poder Legislativo en Zacatecas, cuando la JUCOPO ya funciona con normas no escritas, derivadas de acuerdos realizados en los pasillos del congreso local.

Ambas normativas, además, no son lo suficientemente claras para los casos excepcionales que conocimos recientemente, como la decisión del Partido Verde Ecologista de disolver su bancada en la LXV Legislatura.

Nada tendría qué hacer Eleuterio Ramos Leal en las reuniones de la JUCOPO a las que convoca Jesús Padilla Estrada. Sin embargo, el presunto perredista (que siempre ha sido un esquirol de Morena), participa en los acuerdos del órgano de gobierno, y no sólo como oyente.

Todo apunta a que así será para el caso de las diputadas Lyndiana Bugarín Cortés y Georgia Fernanda Miranda Herrera, que junto con el diputado José Luis González Orozco, formaban la extinta bancada del PVEM.

En lo que sí son bastante claros los ordenamientos del Poder Legislativo, es que las y los diputados que no integren un grupo parlamentario (o que hayan sido expulsados del mismo) podrán integrar otras bancadas, única y exclusivamente con fines de “ejercicio del gasto” (artículo 44 de la Ley Orgánica).

Lo que se sabe, hasta el momento, es que la LXV Legislatura una vez más buscará las grietas en sus propias leyes para que los exintegrantes de la bancada Verde formen un grupo parlamentario alterno, a su entero gusto y necesidades.

En lo que no hay vuelta atrás, según Padilla Estrada, es en el cambio de la presidencia de la Comisión de Vigilancia. De esa ya se puede despedir Lyndiana Bugarín. Suena la bancada del PRI para encabezarla.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *