La historia la conocen al pie de la letra Simón Pedro de León Mojarro, Saúl Monreal Ávila y Guillermo Huizar Carranza. Ocurrió hace 15 años, y pareciera como si nada cambiara y nada se moviera en Zacatecas. Son los mismos actores políticos escenificando un pleito que en nada contribuye al estado. Ya muy trillado, por cierto.

Pero, ahí están. Y siguen estando ahí. Como el fiscal Salvador Eduardo Villa Almaraz, que todavía en febrero del 2016 firmaba documentos como “Encargado de Despacho de la Función Pública del Estado”, después de que dejara la vacante el mismo Huizar Carranza, en el sexenio de Miguel Alejandro Alonso Reyes. (Así o más claro el conflicto de interés).

Ahí donde también recibía nómina en calidad de coordinador de Comunicación Social de la otrora Contraloría del Estado, Gerardo de Ávila González, ex militante del Partido del Trabajo, en tiempos en que la Comisión Ejecutiva Estatal la presidían Saúl y David Monreal (cuyo chofer pagado por el partido, era Carlos Alberto Zúñiga Rivera).

Previo a la elección del 2010, de la que resultó ganador Alonso Reyes, Pedro y Saúl se sentaron a la mesa de negociación para defender los intereses de un grupo de iguales que se había fracturado en el sexenio de Amalia Dolores García Medina. Todos ricardistas, aunque unos más disciplinados que otros.

De León Mojarro siempre presumió haber participado en la campaña del Ricardo Monreal a la gubernatura, en 1998. Luego colaboró en su sexenio y conoció al dedillo los menesteres de la Secretaría de Planeación y Desarrollo (SEPLADER), los cuales perfeccionó en el gobierno de Amalia.

Esa misma vertiente de asesor y/o coordinador de la política social lo llevó a encumbrarse en el PRI, donde acuñó la frase: “Zacatecas es el estado más priista del país”. Eran los tiempos de la maquinaria aplastante de Enrique Peña Nieto, a la que hizo referencia Rodrigo Reyes Mugüerza sin entender todo el contexto (sí está chavo).

Como “asesor” de Alonso Reyes (exsecretario particular de Ricardo Monreal), Simón Pedro abrió las puertas al ricardismo donde militaban David y Saúl. A cambio de que el entonces expresidente municipal de Fresnillo declinara sus aspiraciones y levantara la mano a Miguel, ese ricardismo conviviría en el “nuevo” PRI.

David siempre pensó que Saúl y Ricardo lo habían traicionado, seguro de que las encuestas le favorecían en la elección del 2010. Nada más erróneo según sus propios hermanos, a los que les costaba convencer al candidato de que mantuviera los pies bien firmes en la tierra y se saliera de su burbuja, que para entonces ya amurallaban Verónica del Carmen Díaz Robles, Víctor Humberto de la Torre Delgado y Carlos Zúñiga.

Más amargo que convencido, David renunció a la candidatura con tal de que Ricardo pudiera cobrar la factura pendiente con Amalia García. Recordemos que Andrés Manuel López Obrador estropeó sus planes sucesorios (en 2004) al imponer a la zacatecana en vez del delfín monrealista, Tomás Torres Mercado.

Como resultado del “desaire” del tabasqueño (entonces presidente nacional del Sol Azteca), David y Saúl se recorrieron a las filas del Partido del Trabajo. Desde ahí los de Puebla del Palmar gobernaron (y desestabilizaron) Fresnillo, en una afrenta contra el PRD que les había dado la espalda.

Resultaba natural una negociación entre ricardistas (Simón, Miguel, David, Saúl y Huizar), para obstruir el camino de Amalia -con un pésimo candidato en sus hombros- y regresar al poder. Así lo hicieron. El resultado fue un gabinete vestido de tricolor, pero impuesto por el monrealismo de toda la vida. Ese fue el sexenio de Alonso Reyes.

Arturo Nahle García (exsecretario General de Gobierno de Ricardo) se fue a la Procuraduría del Estado. Huizar y Gerardo de Ávila a la Contraloría (luego Función Pública). Le Roy Barragán Ocampo (exsecretario del Campo con Monreal) a la Oficialía Mayor de la SAD. Miguel Rivera Sánchez, a la Coordinación de Comunicación Social.

Héctor Pastor Alvarado (exsecretario particular de María de Jesús Pérez) se fue a la Dirección Estatal del DIF. Rafael Sescosse Soto (excolaborador de Ricardo) fue nombrado secretario del Despacho de Miguel Alonso. Patricia Salinas Alatorre (excolaboradora de David en el gobierno municipal) a la Secretaría de Economía.

Bien podría decirse que la única que se mantuvo fiel a la escuela de Ricardo fue Soledad Luévano Cantú que, como se ha publicado anteriormente en este espacio, tuvo el privilegio de echarles en cara las “traiciones” a su hacedor político durante el quinto informe de gobierno de Miguel Alonso.

Ahí aseguró, entre tantas verdades, que Guadalupe Bañuelos Robles (el socio de Ricardo en el Grupo Constructor Plata) y sus hijos eran los constructores consentidos de Juan Alonso, y por eso obtuvieron los contratos del Ecoparque Centenario y la segunda etapa del Centro Cultural (hoy Museo de la Corrupción).

Entonces los “moches” rondaban el 25% del total de la obra. Quién hubiera imaginado que 15 años después esa misma cuota ascendería a 35%, como lo exige hoy David a los constructores a través de Zúñiga Rivera. Y quién hubiera pensado que las empresas constituidas en el sexenio de Miguel serían algunas favoritas de la nueva gobernanza.

Ahí está el Taller Hábitat de Javier Solís de Santiago (ahijado de Miguel Alonso), que remodeló la Plaza de Armas en 2012, y trece años después se dedica a levantar una de las dos terminales del PLATABUS para la nueva gobernanza. Lo mismo que Rumbo Constructora (de Lupe Bañuelos), que justo inició esa obra en el quinquenio “diferente” de Alejandro Tello Cristerna.

Es que son los mismos de siempre intentándole vender la idea a Zacatecas de que nunca se conocieron y que siempre fueron “enemigos”, mientras se acaban el negocio gubernamental, del que cada vez queda menos.

¿Qué tan endeble debe de estar en estos momentos la oposición política a nivel local, y qué tan mediocre debe de ser el gobierno de David, para que un político como Miguel Alonso se lleve las loas de decirle a su anterior aliado (en 2010) que es un vil fracaso que hace todo mal? ¿En serio? ¿Y a quién le van a entregar el estado en 2027? Es pregunta…

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