La menor de las preocupaciones para David Monreal Ávila, en los procesos internos de Morena rumbo a la elección del 2027, son las encuestas. No porque su delfín(a), la senadora Verónica Díaz Robles, pueda lograr lo imposible en cuatro meses: subir más de 20 puntos para alcanzar al primer lugar en posicionamiento.
En el Comité Ejecutivo Nacional trascendieron los números que han marcado una tendencia clara en los últimos meses. De los guindas, únicamente, encabeza los sondeos con 32.4% de positivos el diputado federal Ulises Mejía Haro. De cuotas femeninas, Díaz Robles aparece en un lejano 12.3% de preferencias.
Esa brecha es casi imposible de empatar en estos momentos, a menos que Mejía Haro cometa un error extremadamente grave. Las campañas en su contra no tendrán mella, porque los negativos los concentra precisamente David Monreal, que luego se los traslada a quien le levantó la mano en septiembre del 2025.
Ahí no hay mucho qué hacer, por eso en el partido guinda las cosas han tomado un viraje distinto. El objetivo primordial sería afianzar la cuota de género para que sea una mujer quien ocupe la candidatura al gobierno estatal. Pero, en ese escenario, David y Verónica tampoco tendrían mucho que ofrecer, porque son poco competitivos.
En empate técnico con la senadora Díaz se encuentra su compañera legisladora Geovanna del Carmen Bañuelos de la Torre. En ciertas mediciones la del PT incluso supera a la delfín(a) de David por otro buen margen de preferencias. Sin embargo, la “cuota de género”, para la nueva gobernanza, tan sólo es un eufemismo.

El que se dice gobernador ya apostó su resto en una sola jugada: imponer a Verónica pese a todo y contra todo. O abandonar el partido y entregarle el gobierno a la “oposición”. No a la de Miguel Ángel Varela Pinedo, dedicado a sacar al PRI de la coalición local, con tal de amarrar su candidatura de la mano de Movimiento Ciudadano, pues le estorban otros aspirantes del tricolor (Javier Torres Rodríguez hoy concentra mayor aprobación ciudadana que el de Taltenango).
Para la nueva gobernanza los planes no cambiarán durante este 2026: Verónica Díaz seguirá “promocionándose” con recursos públicos en los eventos de la nueva gobernanza. Una especie de publicidad que la tiene acumulando negativos de manera constante y la ha estancado en la aversión ciudadana, pues es la candidata del mandatario peor calificado a nivel nacional.
Empero, esa tampoco es la estrategia de David. El que se dice “gobernador” sólo espera la oportunidad para repetir el mismo chantaje que realizó en la elección del 2024: vetar a Ulises Mejía y a Geovanna Bañuelos en las mesas de negociación, tal como les impidió entrar a la fórmula de mayoría relativa al Senado, aún y cuando sus números eran mejores.
David entonces reprochó a la presidenta que llevar a Ulises o a Geovanna en dicha fórmula lo único que generaría es el ambiente perfecto (como él lo tuvo y lo desaprovechó durante su periodo en la Coordinación Nacional de Ganadería) para que ambos crecieran como aspirantes naturales al gobierno estatal.
Fue así como Ulises concluyó en una diputación federal de premio de consolación, y Geovanna, más astuta y cercana a las mesas de acuerdos nacionales, se ancló en el Senado a través de la reelección. Eso no impidió que surgiera el peor escenario que intentaba evitar David sacándolos de la fórmula de mayoría, pues estos siguieron creciendo.

Hoy que las encuestas vuelven a poner a Verónica Díaz en el lugar en el que ella misma se ha puesto por elegir el camino de la confrontación como su estilo político, David sólo tiene una salida: amenazar al poder en Palacio Nacional. No tiene el menor empacho en hacerlo. No le importa romper con Claudia Sheinbaum Pardo, y por fin lo reconoce en privado.
Cómo él lo ha dejado saber a sus más cercanos: “si ni siquiera Adán Augusto tuvo garantías, a mí qué me va a garantizar Claudia”. Sus palabras hablan de un titular de gabinete que busca desesperadamente una salida y tiene pocas puertas para abrir en frente de él. La mayoría, más bien, intenta cerrarlas a como dé lugar.
Sabe de antemano que apenas rascar un poco la superficie de la nueva gobernanza brotan expedientes de corrupción por todos lados. No se siente tranquilo con tener a las y los jueces del Bienestar a su favor. Y atrincherar en la ASE a Verónica Yvette Hernández López de Lara tan sólo confirma un pacto (temporal) con Ricardo Monreal.
Está seguro de que Ulises y Geovanna serían sus verdugos (opinión que también comparte su hermano mayor). No confía en nadie más que en Verónica, y si acaso otro tanto en Carlos Alberto Puente Salas, el verdadero plan maestro (que incluso le genera menos desgaste) en caso de que Palacio Nacional designe la candidatura al género masculino en Zacatecas.
Por eso lo que menos le interesa son las encuestas. Ya lo hizo una vez en 2024, y hoy no existe otra ruta transitable: de él dependerá que el estado pase a la oposición si no le cumplen el capricho con la excuñada. Palabras más, palabras menos, esa será la propuesta que le dará a Claudia Sheinbaum en el momento oportuno. Otra vez.
#Casualidades: ¿Y qué pasaría si logra imponer a Verónica? Se preguntarán las y los lectores de esta columna. De inicio, y de cajón, el Partido del Trabajo abandonaría la coalición con Morena-PVEM. Algo que David ve incluso con buenos ojos.
En un segundo acto, inmediato, Morena entraría en una etapa de división y ruptura, porque David y Verónica buscarían también imponer listas de aspirantes en municipios, distritos locales y federales, excluyendo a sus tantos enemigos. Una candidatura sin unidad, a la deriva, impulsada por carretadas de dinero (sea de donde venga), y el uso faccioso de las instituciones (Fiscalía incluida).
Se trata de llegar al punto total del “ni lo mismo, ni los mismos”. Ese mensaje que -hoy entienden quienes han vivido en carne propia la desesperación por el proceso sucesorio del 2027– tiene como único destinatario a Ricardo Monreal Ávila.
El verdadero juego de fondo que tejen entre Verónica y David se trata de quitarle la hegemonía que por décadas el exgobernador ha ejercido en cada sexenio… para que la pareja cogobernante asiente sus reales, y las escrituras cambien de dueño.

Hasta ahora David ha logrado poner entre la espada y la pared a Ricardo: vistió su gabinete de incondicionales ricardistas (a los que desgastó públicamente), repartieron licitaciones a sus proveedores (entre ellos Cesar Deras Solano), y lo hizo parte del desastre sexenal.
Por eso Ricardo ahora dice a quienes lo escuchan que “David es el jefe político en Zacatecas, y ya eligió a su sucesora”. Con esa sugerencia le pidió a Rodrigo Reyes Mugüerza salirse del TUCOV y disciplinarse con David, si es que quería ver cristalizada -en algún momento- su candidatura al municipio capitalino. Una falacia que solo Rodrigo le cree.
A otros dice que “no hay más” entre las y los candidatos que pudiera “defender” los intereses de Puebla del Palmar (del que Verónica formó parte durante años). Claro, imaginar que no sabe lo que trama la pareja cogobernante es caer en ingenuidad. Pero, por ahora y hasta nuevo aviso, la familia política -excepto Saúl– ya se “reconcilió”.
¿Y Zacatecas? Pues… eso es lo de menos.
