Ariadna Montiel Reyes llegó a la dirigencia nacional de Morena con un guiño de confianza desde Palacio Nacional. Prevalecía el entendimiento con el grupo de “obradoristas” que miran a la presidenta de la república -la mayor parte del tiempo- como una compañera del movimiento, más que una autoridad, que heredó las estructuras de la Cuarta Transformación nacidas en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
Claudia Sheinbaum Pardo permitió el arribo de Ariadna siempre y cuando mantuviera distancia de ciertas decisiones del partido, las cuales encargó a Citlalli Hernández Mora, de acuerdo con la última reforma estatutaria del Consejo Nacional guinda, realizada el 3 de mayo del 2026 (aquella asamblea que David Monreal Ávila abandonó temprano, sin avisar a nadie).
Citlalli asumió la Comisión Nacional de Elecciones de Morena el 16 de abril, dos semanas antes de que Ariadna supliera a Luisa María Alcalde Luján. Desde aquella fecha, en Palacio Nacional tomaron las riendas del proceso interno guinda. Las convocatorias, las inscripciones, los muestreos, las empresas encuestadoras; todo se alineó conforme los planes de la presidenta.
No es una simple coincidencia que, el pasado martes, el diario El Heraldo de México difundiera en sus interiores la lista de contendientes que habían alcanzado los mayores puntajes para asumir las coordinaciones estatales de Morena. Son los mismos sondeos que leían (y que mandaron levantar) en los despachos de Claudia Sheinbaum, y constituyen la lista de sus aspirantes a las 17 entidades en disputa.

Esos nombres no representan ninguna novedad, e incluso guardan congruencia con encuestadoras como Mendoza Blanco y Asociados y la empresa Enkoll, que normalmente realizan ejercicios demoscópicos para el Gobierno de México. Claudia envió señales desde hace meses, sin que buena parte de la militancia diera crédito a los números con los que delineaba su tablero electoral.
Esas mismas cifras son las que conoció David Monreal en su última visita al Comité Ejecutivo Nacional de Morena, hace dos semanas. Su respuesta fue la misma de siempre: Ulises Mejía Haro y Geovanna Bañuelos de la Torre tienen “veto” en Zacatecas. Su “delfín(a)”, la senadora Verónica Díaz Robles, por segunda ocasión en una contienda interna guinda, permaneció en tercer lugar de las preferencias que realizó el partido.
La cronología de eventos lo confirma: Zacatecas no fue uno de los primeros estados en esta ronda de nombramientos de coordinaciones estatales. La definición de Verónica no estaba en la mesa, contrario a la narrativa que venía construyendo el grupo del Bienestar que ella encabeza. Todavía insisten en que “todo está planchado”. Sin embargo, una amenaza dicta lo contrario.
Quienes permanecen en las mesas de negociación de la coalición Morena-PT-PVEM confirmaron a Agenda Política que en el intercambio que tuvo David con el CEN de Morena, lo único que ofreció a cambio fue un desafío. Palabras más, palabras menos, si el partido guinda insistía en no darle cabida a Verónica, el mandatario zacatecano valoraba abandonar el movimiento y romper frontalmente con Claudia Sheinbaum.

Pero, ¿por qué David se mantuvo en la idea de la “imposición”? Ahí es donde empieza el juego de los “obradoristas” dentro de Morena. Encabezados por Ariadna Montiel, lo que se conoció como “la rebelión de los delfines” en marzo de este año, consistía en darle trato preferente a las y los mandatarios estatales de Morena por encima de la conducción interna que realizaban en Palacio Nacional.
Y luego sucedió Rocha Moya. Las 34 horas de gobierno del sinaloense, después de la carta de “Andy” López Beltrán con la que confirmó que no contaba con visa norteamericana, eran indicadores de que la rebelión estaba adormecida, más no había cejado del todo. La respuesta de Claudia fueron cinco nombramientos de coordinaciones estatales conforme a sus encuestas.
La urgencia de Ariadna por mandar señales de tranquilidad, en su conferencia de este miércoles cuando canceló el calendario de nombramientos, responde a la confrontación interna que crece en silencio en Morena. A ello se suma la displicencia de sus aliados del PT y PVEM, que no acompañaron todos los nombramientos.
El pasado lunes, durante una entrevista con Carlos Loret de Mola en W Radio, el diputado Ricardo Monreal Ávila ya dejaba ver lo que ocurría al interior: “A quienes consideran que, sin ellos, una elección está perdida. Y quienes creen que una candidatura les corresponde por méritos personales. Y también a quienes han comenzado a insinuar que si no son ellos los candidatos pueden abandonar el proyecto, provocar rupturas y provocar derrotas“.

Empero, al día de hoy, la única amenaza que tienen registrada en el CEN de Morena sobre una posible ruptura que lleva a una derrota en Zacatecas, es la de su hermano David. Otros tres contendientes siguen firmes y en la brega: Ulises Mejía Haro, Carlos Puente Salas y Geovanna Bañuelos de la Torre. A dos de ellos, el grupo del Bienestar de Verónica Díaz dicen que les ofrecieron la candidatura de la capital zacatecana.
Carlos Puente y Ulises negaron desde hace tiempo la presunta propuesta, que además conocieron a través de algunas columnas de trascendidos. Es la misma candidatura que supuestamente ya tenía dueño. A veces Rodrigo Reyes Mugüerza y otras veces Santos Antonio González Huerta. Con todo y que a Mariano Casas Valadez lo quitaron de la secretaría de Morena Zacatecas porque les estorbaba en la capital.
En Palacio Nacional nada les gustaría más que ver una rebelión desde Zacatecas, para confirmar el lugar que tienen los de Puebla de Palmar en la opinión del círculo cercano de Claudia Sheinbaum. Una confrontación que, además, complica gravemente las próximas decisiones que tomen Saúl y Ricardo sobre su futuro político. Al menos el “Cachorro” no quisiera pelearse otra vez con la presidenta.
Probablemente Verónica aún se sienta respaldada por el poder en el exilio (desde Tabasco), y busque demostrar su cercanía con “Andy” López Beltrán. No tiene otra ruta, por ahora. De ahí que, el dirigente estatal de Morena, Rubén Flores Márquez, viva en una contradicción que revela su pertenencia: aunque tenga que evadir el tema de la visa de “Andy”, sí aprovechó otra reciente ocasión en redes sociales para felicitarlo por su cumpleaños.

El tablero de Verónica Díaz se complica aún más con la confrontación que sostuvo con Carlos Puente en una reunión privada de Morena, que concluyó con la dichosa “Reforma Santos”. Ese episodio demostró que en el grupo del Bienestar no hay lealtad alguna que valga ni acuerdo que se sostenga. Así, ¿quién querría negociar con ellos? David Monreal se resiste a ver con claridad lo que está enfrente.
La única seguridad que debería de tener el mandatario es que su sexenio concluye el próximo 21 de septiembre del 2027, y a estas alturas debería reconocer dónde están las lealtades y dónde las traiciones. Carlos Puente fue el primero en destaparlo en junio del 2020, cuando las cosas se complicaban en su candidatura. Ulises Mejía y Geovanna Bañuelos, sabe que no comulgan con él. Ahí no hay sorpresa. ¿Verónica? Ya demostró que salta obstáculos cuando le estorban.
David necesita voltear a Tabasco y a Sinaloa para entender que de lejos no se gobierna. Después del 21 de septiembre del 2027, ¿quiere dormir con un ojo abierto en espera de la próxima traición? O empieza a poner en orden su sucesión. Lo primero es dejar de jugar a las “venciditas” con Claudia Sheinbaum. Aún le quedan dos semanas para meditar su testamento gubernamental. ♞
