De acuerdo con Miguel Ángel Varela Pinedo, faltarían -a estas fechas- 396 días para que “morena pierda el gobierno del estado” (sic). Un mensaje bastante aleatorio que escribió durante el fin de semana, revestido en una especie de optimismo completamente ausente de su realidad política cotidiana.

La más reciente de sus derrotas tuvo que ver con la votación en el pleno de la bancada de Acción Nacional, a favor de designar a Verónica Yvette Hernández López de Lara al frente de la Auditoría Superior del Estado. A ella la presionó, sin resultado alguno, para que lo recibiera en reuniones informales donde negociara votos panistas.

La nueva auditora superior no se molestó ni en responder a sus solicitudes a través de intermediarios. Además, la bancada albiazul prefirió ver por los suyos, entendiendo que el gobierno de la capital no es el único que lleva las siglas del PAN, aunque para Varela nada más importe y suponga que cualquier negociación gira en torno a él.

El mensaje que enviaron los partidos de oposición en la LXV Legislatura fue de conciliación, incluso cuando entre las fracciones parlamentarias oficialistas hubo diputados que no compartían ni la terna, ni el proceso, ni el resultado, porque prácticamente les avisaron días antes de la votación.

Empero, el caso del PAN es llamativo porque retrata el verdadero momento en que se encuentra Miguel Varela, que incluso llegó al punto de amenazar a Pedro Martínez Flores con removerlo de la coordinación de la bancada. Otro berrinche que ni siquiera los del albiazul consintieron, ni dejaron que ocurriera.

Aldo Peláez Mejía, que más que dirigente estatal de Acción Nacional no es sino un empleado más en la nómina extendida de Varela Pinedo dentro del partido, mucho menos sirvió de interlocutor con una bancada que no va a atravesar conflictos ajenos alimentados por el criterio silvestre del de Tlaltenango.

Así que, en unos cuantos días, Miguel presionó y se conflictuó con su bancada sin otro resultado más que el incremento gradual del desgaste con los suyos. Y desde el poder le enviaron señales de exclusión al haber sido la familia Varela Estrada una de las que no invitaron a las negociaciones para la renovación de la Auditoría Superior.

Empero, el “infante azul” tiene tiempo de contarle el resto de sus días al gobierno estatal, mientras sus opositores (internos y externos) llevan la cuenta regresiva con la que él tendrá que rendir cuentas de su desmedida ambición. Lo hace como si la dirigencia nacional de su partido no le haya dado malas noticias meses atrás.

Por más que ha presionado en el entorno de Jorge Romero Herrera, en Acción Nacional crecen las convicciones de ir a la contienda sin coalición en caso de que los procesos internos del PRI no logren un acuerdo competitivo para la elección 2027. Ello supone dos cosas: la primera y más importante es que Varela no encabezará dicha coalición.

Y dos: una campaña del “infante azul” en solitario le representaría a los albiazules (en un día de suerte) a lo mucho 80 mil votos en todo el estado, lo que los pondría en condiciones de competir… ¡pero por el cuarto lugar de la tabla electoral! Algo a lo que tampoco se quieren arriesgar dentro del equipo de Romero Herrera.

Con estos dos escenarios puestos en la mesa Varela intentó pedir apoyo de la gobernadora Teresa Jiménez Esquivel, quien prefirió deslindarse del problema porque entiende el análisis que hacen en la dirigencia nacional, donde ponen como prioridad la coalición con el PRI para que el PAN pueda retener el gobierno hidrocálido en 2027.

Empero, pese a todas las señales ominosas que se posan alrededor del “infante” de Tlaltenango, el edil todavía busca algún momento para publicar una cuenta regresiva de los días que le restan a la nueva gobernanza. Esos mismos días en que su carrera política podría concluir de manera crítica y sin posibilidad de futuro alguno.

Lo sabe desde el momento en que buscó cualquier canal de comunicación para negociar el arribo de Verónica Yvette a la ASE. Y no hubo mejor confirmación de su nerviosismo desde que toda la bancada de Acción Nacional otorgó el voto a favor de la ex secretaria de Administración, y nunca cuestionaron el dictamen de procedencia.

Ese es el pantano político en el que se encuentra paralizado Varela Pinedo, tratando de vender una imagen que no corresponde a su estrepitosa caída. No tiene más remedio que seguir acusando “venganzas políticas” donde las decisiones administrativas que él mismo ha tomado lo empujaron a la crisis que intenta esconder.


#Casualidades: Y luego están aspirantes como Santos Antonio González Huerta, que quieren saltar de la diputación de Morena al gobierno capitalino. Ese que le ofrecen a Rodrigo Reyes Mugüerza, a Ulises Mejía Haro, y a otros tantos más.

Después de la gubernatura, la candidatura más “manoseada” es precisamente la del Ayuntamiento de Zacatecas, ahora con quien supuestamente ayudaría a Rodrigo Reyes a conformar una estructura que a ambos le presta la nueva gobernanza.

Santos esperó algunos meses para darle madruguete a Rodrigo, horas después de un viaje relámpago por la Ciudad de México. Luego trascendió que la Secta del Bienestar puso la candidatura a disposición de Ulises (ahora sí quieren negociar con quien dicen que no es gente de Claudia Sheinbaum Pardo).

Y vienen más aspirantes sorpresa en esa disputa; la lista ahí no termina. Todo dependerá de hasta dónde logren convencer a la de Palacio Nacional que opte por vetar al diputado Ulises, y a la senadora Geovanna del Carmen Bañuelos de la Torre de la candidatura al gobierno estatal.

Las condiciones en Morena, sin embargo, dieron un fuerte giro contextual durante el fin de semana. No por el cambio de dirigencia guinda, sino por las presiones “injerencistas” que llevan meses dictando la agenda de la Cuarta Transformación.

Las elecciones de mitad de mandato de la administración de Donald J. Trump serán en noviembre de este año. Para ese entonces en su campaña ya habrán dado golpes precisos (con fuerte carga mediática), que incluso podrían modificar todo el planteamiento electoral de Morena programado para junio. Veremos.

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